A un suspiro – Parte 2

Abro los ojos, sigo acostada pero en otra posición. Estoy boca arriba y mi cuerpo esta caliente, noto que mi espalda esta pegada a un colchón. Miro alrededor, paredes blancas sin cuadros y un biombo con una tela verde clara a mis pies. Estoy en un hospital, acostada en una cama. Mis brazos ya no están pesados, pero tengo el suero en mi mano y me da impresión moverla así que me quedo quieta. 

Intento reconstruir lo sucedido, ¿cómo hice para terminar en un hospital? Sorpresivamente se abre la puerta, entra mi mamá. Se sienta al lado mío, me acaricia la cabeza y me sonríe de forma condescendiente pero no me dice nada. No me gusta cuando las personas no hablan en momentos confusos porque el silencio se vuelve pesado y vertiginoso. Intento hablar, mi boca está seca. Ella se da cuenta y me da un vaso de agua, la bebo con paciencia mientras sigue mirándome con una sonrisa a medias. Cuando termino y le estoy por preguntar entra la médica.

Es alta, habla moviendo muchos las manos, su cabello es oscuro y largo. Su bata blanca está impecable. ¿Se la cambiará en el día o sabe mantenerla tan pulcra? Tiene varias pulseras, y al parecer se fue de vacaciones hace poco porque la marca de un reloj revela que su piel está bronceada. Mi mamá me toma la mano, la miro y veo que asiente. Me están hablando, intento concentrarme en la conversación. La médica, que aparenta tener unos cuarenta años, me mira con paciencia y observo como vuelve a mover su boca, a mover sus manos. Todo parece casi una repetición de lo que segundos antes estaba pasando. Otra vez siento la mano de mi mamá, me aprieta despacio, pero noto desesperación en ese movimiento. Miro sus ojos, están rojos, ¿habrá llorado? Me aprieta de nuevo pero esta vez mas fuerte. Entonces mi vista va hacia la médica. Su semblante cambió, antes estaba relajada, ahora la noto tensa. Sus manos comienzan a moverse otra vez, recién ahí percibo lo que ocurre, me está repitiendo lo que me dijo minutos antes. No escucho, no puedo. ¿No puedo o no quiero? Niego con la cabeza, siento otro apretón de manos pero este me molesta, me incomoda. Como un reflejo saco mi mano de esa presión y las lágrimas vuelven a aparecer, vuelven a correr. Me duele la cabeza, me escondo entre las sábanas y quiero desaparecer.

La médica y mi mamá se fueron, me di cuenta porque escuché la puerta. Salgo de mi escondite blanco, estoy sola en la habitación. Intento sentarme en la cama pero me duele el cuerpo, la caída debe haber sido grande. Me debo haber resbalado al querer entrar en la bañera, “que torpe” pienso, siempre lo fui. Intento hacer memoria, pero a veces ella es engañosa. “Recordamos lo que estamos dispuestos a enfrentar” me dijo una vez mi mamá, no se porque se me viene esa frase a la mente, no entiendo porque debería enfrentar algo si sólo fue una caída, un accidente. Me quedo en silencio, observo el techo. Hay pequeñas manchas de humedad, como si estuviera en un parque con nubes, con el pasto suave a mis espaldas y el sol en mi cara, le busco formas. Sonrío ante la ironía de buscarle formas a las manchas y no a las nubes. Pienso en que me gustaría estar en un parque, pienso que hace mucho no voy a uno. ¿Por qué deje ir?

La puerta se abre nuevamente, me estoy por tapar pero veo que es mi mamá. Sus ojos ya no están tan rojos y su rostro está mas calmado. Se sienta en la silla de mi costado, sus dedos comienzan a peinarme el pelo. Cierro los ojos mientras el dulce tacto de su mano juega con mis mechones, puedo sentir su mirada que es tranquila, de esas que trasmiten amor. Escuchó sus susurros, me está cantando, ¿cómo era esa canción? Vuelvo a sonreír porque la recuerdo, me duele un poco hacerlo. Mi boca está lastimada y mis labios agrietados pero me alegra sonreír. Sus manos se detienen, abro los ojos y me encuentro con los suyos. Siempre fueron lindos, de color café como los míos pero con un brillo especial. “Ella es especial” me digo. Puedo ver que quiere decirme algo pero elige callar, en silencio lo agradezco porque no tengo ganas de hablar. Cierro los ojos, sus manos vuelven a la tarea de acariciarme. Suspiro, los suspiros siempre me calman.  


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